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lunes, 25 de abril de 2011

Take me with you

Si supieras, Tomas, cuánto miedo tuve ese día, miedo de no conocer jamás tus labios. Habías entrado en mi vida como suele llegar el verano, sin avisar, con esa luz radiante que descubre uno por las mañanas. Me acariciaste la mejilla con la palma de la mano, tus dedos recorriendo mi rostro y dejaste un beso en cada uno de mis párpados. Gracias fue la única palabra que pronunciaste, cuando ya te alejabas.
Grité: "¡Llévame contigo! Quiero conocer a esa abuela por la que te marchas", y no aguardé tu respuesta; volví a tomar tu mano, y te juro que habrían sido necesarias todas las fuerzas del mundo para lograr separarme de ti.

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