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Aquí comienzo de nuevo un viaje más profundo que cualquier carretera, que cualquier cielo, que cualquier mar. Un viaje que inicié en una ép...

martes, 30 de marzo de 2010

No es lo que has perdido, es lo que esperas conseguir. No es buscar por que llorar, es encontrar por que reir. Es hallar un sentido por el que debes subsistir. No morir creyendo en alguien que nunca ha creido en ti. Es pelear por algo justo, no es caer por luchas vanas. Es hacer todo a tu gusto, como a tí te de la gana. Es llenar de pasión lo que no quieres que se pierda. Y lo que quede fuera, mira... a la mierda.

sábado, 20 de marzo de 2010

Una tenue luz se filtra entre las cortinas de mi habitación, está anocheciendo. Toda la tarde pasos y murmullos se escuchaban detrás de la puerta, pero nadie entró, cosa que agradecí enormemente. Ahora el murmullo se ha trasladado al piso de abajo, supongo que estarán preparando la cena. Paseo la mirada por la habitación, sin ver nada en particular, pensando en todo y en nada. En todo lo que ha pasado en estas dos semanas y en todo lo que me queda, que es nada. Ya no lloro, no puedo, no me quedan fuerzas ni lágrimas. Pero así el dolor es más insoportable, más insufrible, me llena por completo y no me deja concentrarme en otra cosa. Si ahora me mandasen hacer una suma de dos cifras, estoy segura de que la haría mal. Es como si todo mi cerebro estuviese absorbido por una fuerza extraña que no me dejase pensar en nada más. Me siento desconcertada, desorientada, siento que mil preguntas bullen en mi interior, pero no sé contestarlas, ni sé quién me puede ayudar. Tampoco creo que sea necesario seguir por este camino llamado vida, me faltan excusas, me faltan motivaciones. Mi madre siempre me decía que una persona no muestra su valentía ante el peligro, ante un atracador o un asesino, que la muestra en su camino, cuando sus luces se apagan y se le hace difícil seguir, decía que solo los valientes sonríen para dar un poco de luz, esperando a que esas bombillas del destino se vuelvan a encender. Pues bien, mamá, no soy valiente, no quiero serlo, no quiero sonreír, me duele, me duele en el alma, y en el corazón. Mis bombillas no se han apagado, mamá, mis bombillas se han roto, y yo también. Han roto todo lo que hay en mi vida. Todo. Y lo ha hecho él, él y sus risas, él y sus bromas, él y sus caricias, él y sus besos y sus abrazos y sus te quieros. El mismo que todavía tiene la cara de llamarme, ¡a mi! Sus palabras siguen resonando en mi cabeza, una y otra vez, como un disco que se raya o un capítulo repetido demasiadas veces en televisión. Y esas palabras cortan, rajan, me hacen sangrar, hacen daño, muchísimo daño. Rememoro de nuevo la conversación.
-¿Mark?
-Chels, nena, mi vida, no ha pasado un día y ya te echo de menos, en serio. Te esperaré, amor, te esperaré todo el verano si hace falta. Te quiero. Te quiero muchísimo.
-Contéstame solo a una cosa, Mark. Sinceramente.
-Lo que quieras, cariño.
-¿Había algo entre Lucy y tú?
Respuesta veloz.
-No.
Y con una lágrima, mi última lágrima, le colgué. Puse el móvil en modo silencioso, previendo lo que me iba a esperar toda la tarde, y me tumbé en la cama. El tiempo transcurrió extraño, y mis pensamientos también. No me centraba en una cosa concreta. Sus palabras resonaban aquí y allá, apareciendo cuando a ellas les parecía preciso, cuando veían que el dolor disminuía una milésima. Y yo me dejé hacer, sin intentar evitar unos pensamientos y otros, con el cuerpo inerte y la mirada perdida. Los minutos han ido pasando así, sin pena ni gloria a mi alrededor. Un riquísimo olor a estofado sube por la escalera y se cuela por debajo de mi puerta, mi estómago se contrae. No tengo hambre, ni la suficiente fuerza para levantarme y enfrentarme al mundo que me espera fuera. Soportar chistes y risas y miradas furtivas contemplando mi rostro cetrino. Todo eso me parece un esfuerzo terriblemente desmesurado, y solo pensar en ello me hace sudar. Pero, contradiciendo mis expectativas, nadie subió a avisarme de que la cena estaba en la mesa. Por la ventana cae la noche cerrada, y un revuelo de platos y cubiertos me anuncia que la cena ha terminado, pronto todos se acostarán y un día más habrá pasado en la vida de todos. Siento como pasos se dirigen al piso de arriba, alguien se va a la cama el primero, supongo que sea Danny. Pero, en vez de detenerse en su habitación, sigue caminando, los pasos se acercan y se paran delante de mi puerta. Por favor, Danny, no entres, no entres, por favor. No se si seré capaz de aguantar, Danny, no quiero sonrisas forzadas ni fingir que todo va bien, no quiero decirte que tan solo me encuentro cansada o que era Kate la que llamaba preguntándome qué tal iba todo, no quiero mentirte, Danny, no entres, por favor. Pero haciendo caso omiso de mis plegarias, el pomo de la puerta gira. Decido no moverme, seguir con los ojos fijos en el techo. Mi cerebro no me permite muchos más movimientos, exigiría una concentración y una fuerza de la que carezco. Noto como Danny abre la puerta y la cierra a sus espaldas, camina hacia mi cama y se tumba a mi lado. Sujeta una de mis manos con fuerza. Noto su calor, es tremendamente reconfortante. Me da un beso en la frente y murmura:
-Buenas noches, Chelsey. -Y se recuesta para dormirse.
Mi corazón se encoje mucho, muchísimo más de lo que debería ser posible. Una certeza absoluta se sitúa en mi mente y se ensaña conmigo. No solo me estoy comiendo el alma yo, se lo estoy comiendo a ellos, les estoy haciendo sufrir, se están preocupando y yo no hago nada para remediarlo. ¿Cómo deciros que me faltan fuerzas, Danny? ¿Cómo explicar algo tan terriblemente complejo? Si nunca has sufrido por amor, dudo que lo entiendas, eres demasiado pequeño. Eres mi hermano pequeño, no deberías entenderlo. No quiero que lo entiendas, ni que lo sufras, el azul de tus ojos no debería apagarse jamás. No dejaré que te hagan daño, no lo permitiré. Y una tenue, casi imperceptible, pequeñísima luz, se enciende en este camino sinuoso y maltrecho y roto, guiándome. Está bien, mamá, me volveré valiente. Seré valiente por él. Y con esta diminuta certeza la noche se cierne sobre mí.
Lo sé. He estado en tu lugar, la verdad es que yo también me asusté un montón. ¿Y si me hace daño? ¿Y si me abandona? ¿Y si muere? Eso sería mi fin, así que decidí cortar antes de que pudiera hacerme nada, ¿y sabes qué? Fue el mayor error que yo he cometido. Y tú estás cometiendo el mismo error ahora y te aseguro que no voy a quedarme sentado a verlo. En el amor debes arriesgar, Sandra, arriesgar. ¡Yo no lo hice! Y mírame ahora, soy el fantasma solitario y hueco de un hombre, lo que no significa que no vaya a herirte. Pero te garantizo algo, ningún dolor que sientas será jamás comparable a la pena que proviene de darle la espalda al amor. Siendo alguien que ha sentido mucho ambas cosas, créeme. El dolor es mejor que la pena, sobre eso no te quepa la menor duda. No huyas. No lo hagas...
Tengo miedo de lo que ví, de lo que hice, de lo que soy, pero sobretodo tengo miedo a salir de esta habitación y no volver a sentir nunca lo que siento estando contigo.

jueves, 18 de marzo de 2010

Child.

Eres un crío y en realidad no tienes ni idea de lo que hablas. Es normal, nunca has salido de Boston. Si te pregunto por Miguel Angel lo sabes todo: vida y obra, aspiraciones políticas, su amistad con el Papa, su orientación sexual... lo que haga falta. Pero tu no puedes decirme como huele la Capilla Sixtina. Nunca has estado allí y has contemplado ese hermoso techo. No lo has visto. Si te pregunto por las mujeres, supongo que me harás una lista de tus favoritas. Puede que hallas echado unos cuantos polvos. Pero no puedes decirme que se siente cuando te despiertas junto a una mujer y te invade la felicidad. Eres duro. Si te pregunto por la guerra me citarás algo de Shakespeare "De nuevo en la brecha amigos míos". Pero no has estado en ninguna. Nunca has sostenido a tu amigo entre tus brazos esperando tu ayuda mientras exhala su último suspiro. Si te pregunto por el amor me citarás un soneto. Pero nunca has mirado a una mujer y te has sentido vulnerable. Ni te has visto reflejado en sus ojos. No has pensado que Dios ha puesto un ángel en la Tierra para ti para que te rescate de los pozos del infierno, ni que se siente al ser su ángel. Al darle tu amor, darlo todo. No sabes lo que es dormir en un hospital dos meses por que los médicos vieron que el termino horario de visitas no va contigo. No sabes lo que significa perder a alguien. Solo lo sabrás cuando ames a alguien más que a ti mismo. Dudo que te hayas atrevido a amar de ese modo. Te miro y no veo a un hombre inteligente. Veo a un chaval creído y cagado de miedo.

lunes, 8 de marzo de 2010

One more time.

+Dilo.
-Quédate un ratito más.
+¿Y si yo te dijese el domingo quédate un ratito más?
-No lo harás.
+Claro que no.
-Si no te molestó no saber apenas nada de mi estos últimos días, menos te molestará que me vaya un tiempo, por largo que sea. Aunque no es el caso.
+Con saber que respiras me basta, con ver tu lucecita en verde cada vez que me conecto ya me sirve para estar bien.
-No es lo mismo que si fuese al revés, ¿sabes? Yo me quedo mal todas las noches cuando me despido de ti. Nadie sabe si te volveré a ver. ¿Quién nos puede asegurar que no nos pasará nada? ¿Quién me puede afirmar que mañana volverás a conectarte? Si me voy a morir, o te vas a morir, o si decides dejar de hablarme para siempre o me dices que estás cansada de toda esta historia. Por eso te seguiré pidiendo cada día que te quedes un ratito más conmigo.