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Aquí comienzo de nuevo un viaje más profundo que cualquier carretera, que cualquier cielo, que cualquier mar. Un viaje que inicié en una ép...

sábado, 1 de abril de 2017

Acepté el Sugus porque sabía que era la posesión más preciada de todo el patrimonio de mi amigo Fermín y que me honraba compartiendo su tesoro.
- ¿Ha oído decir usted alguna vez aquello tan socorrido de que en el amor y en la guerra está todo permitido, Daniel?
- Alguna vez. Normalmente en boca de los que están más por la guerra que por el amor.
- Así es, porque en el fondo es mentira podrida.
- ¿Es esta entonces una historia de amor o de guerra?
Fermín se encogió de hombros.
- ¿Cuál es la diferencia?
Y así, al amparo de la medianoche, un par de Sugus y un embrujo de recuerdos que amenazaba con desvanecerse en la niebla del tiempo, Fermín empezó a hilvanar los hilos que habrían de tejer el final, y el principio, de nuestra historia.
- Un hombre debería poder morir llevándose algún que otro secreto por delante -objetó Fermín.
- Demasiados secretos son los que llevan a un hombre a la tumba antes de hora.
Miré de reojo a aquel hombrecillo que hubiera dado la vida por mí y que siempre tenía una palabra, o diez mil, con que solventar todos los dilemas y mi ocasional tendencia a la flojera existencial.
- Ojalá sea tan fácil como usted lo pinta, Fermín.
- Nada que valga la pena en esta vida es fácil, Daniel.

El Cementerio de los Libros Olvidados

Hoy comienzo una recopilación del final de una saga que ha marcado de principio a fin mi vida, y con ello este blog y todo lo que me rodea. Espero que esta recopilación nunca termine, que la saga me siga abriendo los brazos, o las tapas, cada vez que necesite un abrazo amigo, y me regale nuevas frases y nuevos mundos en cada nueva etapa de mi historia, hasta que las arrugas de mis dedos superen las arrugas de sus páginas. Gracias, siempre, por salvarme. Gracias, siempre, a Daniel y a Fermín, a Bea, a Juan, a Julián (ambos), a Alicia, a Vargas, a Nuria, a David, a Isabella, a Isaac, y, sobre todo, al que es todos y a la vez ninguno, a Carlos. Por tanto. Por siempre. Por la lectura. Gracias.