-¿Qué es lo que tiene esa mocosa que tú no tengas de sobra? Tu bella sonrisa no se puede comparar. -¿Qué hay de su pulso? -Sobrevalorado está. ¡Sobreestimado! ¡Exagerado! Si con nuestros ojos él te viera... Y en el dedo de esa tonta su anillo no está, y no toca el piano, ni canta así, no te puede alcanzar. -Ella puede respirar -¿Y qué? No importa. ¡Sobreestimado! ¡Exagerado! Tendría que apreciar que eres especial. Si con nuestros ojos él te viera... -Si una vela toco sé que nada sentiré, si me cortas es igual no sangraré. Y yo sé que ella está viva y que muerta yo lo estoy, pero sufro en realidad, no diréis que no es verdad. Aún me quedan lágrimas que derramar... -Tan solo es destacable en la miserable que muy viva está. ¡Sobreestimado! ¡Exagerado! Todos saben que se trata de un estado temporal, que se cura enseguida cuando llega el final. ¿Y qué? No importa. ¡Sobreestimado! ¡Exagerado! Si con nuestros ojos él te viera... -Si una vela toco sé que nada sentiré, sobre el hielo o b...
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Snow.
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-Hace mucho tiempo, un inventor vivía en esa mansión. Inventaba muchísimas cosas. Un día, creó a un hombre. Y le dio entrañas, un corazón, un cerebro. Todo. Bueno, casi todo. Verás, el inventor era ya muy viejo. Murió antes de poder acabar al ser que había creado. Así que el hombre se quedó solo. Inacabado, y completamente solo. -¿Y no tenía nombre? -¡Claro que tenía nombre! Se llamaba Edward. Antes de que él viniera, no nevaba nunca. En cambio después, sí nevó. Si él no siguiera vivo, ahora no estaría nevando... A veces aún bailo bajo la nieve.