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Bienvenidos.

Aquí comienzo de nuevo un viaje más profundo que cualquier carretera, que cualquier cielo, que cualquier mar. Un viaje que inicié en una ép...

miércoles, 30 de noviembre de 2011

No uses a tu favor mi debilidad. Porque sabes que si me sonríes, caigo de nuevo en la incertidumbre de perder cada uno de los motivos por los que me alejé de ti. No seas desleal. Quédate ahí, inmóvil, como siempre. Quédate inmóvil, pero completamente, sin usar siquiera las palabras, las miradas induciendo a la confusión. Quédate ahí, junto a tus miedos inmaduros, junto a tu grata certeza de saberte ajeno a los peligros que podría acarrearte el enamoramiento.

martes, 29 de noviembre de 2011

Hacerla reír era trabajo fácil. Muchos lo consiguieron.
Lo difícil era mantenerle la sonrisa, y ahí francamente era donde fallaban todos y cada uno de ellos.

lunes, 28 de noviembre de 2011

miércoles, 23 de noviembre de 2011

No me importa nada por mucho que me empeñe, estoy jugando y no me importa nada. Tú juegas a tenerme, yo juego a que te creas que me tienes. Serena y confiada invento las palabras que te hieren, y no me importa nada. Tú juegas a olvidarme, yo juego a que te creas que me importa, conozco la jugada sé manejarme en las distancias cortas y no me importa nada, nada, que rías o sueñes que digas o que hagas.

martes, 22 de noviembre de 2011

Podría haber hecho las cosas de otro modo, de manera diferente, quizá así no te hubieras ido. Se suicidó mi instinto de supervivencia y, ¿qué cojones? ¡Qué te den! Estoy mucho mejor sin ti.

lunes, 21 de noviembre de 2011

-¿Has perdido a alguien importante?
-No. Simplemente nunca estuvo.

domingo, 20 de noviembre de 2011

Necesidad de escribir. De explicar...

Llegas a un punto en tu vida en el cual te vas dando cuenta de las cosas. Las criticas no te afectan y vas sabiendo mejor lo que quieres. Donde salir un sábado y que te amanezca bailando y riendo con tus amigas es todo lo que necesitas para librarte de una semana horrible llena de cosas que poco valen la pena en realidad. Es ese punto de tu vida donde te das cuenta que has crecido, pero todavía no demasiado, donde todavía estás a tiempo de cometer mil errores más de los que ya has cometido. Pero esta vez sabes que es diferente. Esta vez sabes que si fallas podrás recuperarte mejor y más rápido que la última vez que lo has hecho. Porque te vas haciendo fuerte. Te vas acostumbrando a que la gente te decepcione. A las falsas apariencias. A que nadie sea perfecto a pesar de que todos lo quieran aparentar. Aprendes a vivir con ello, a no asustarte ni a desilusionarte. Porque ya sabes como van las cosas... más o menos. Pero un día sales a la calle, es un día normal, puede que llueva o que haga sol, que truene o granice, que salgas con tu mejor amiga o con una que no lo es tanto. Puede que ese día lleves tu sudadera favorita o que ni siquiera te halla apetecido peinarte. Pero es un día normal, como todos los demás. Haces lo mismo que siempre sin darte cuenta de que ese día algo o alguien va a hacer que las cosas cambien. Ya te había pasado antes, ¿y qué? ¿Es que acaso alguien es capaz de aprender de esto sin volver a cometer el mismo error? Aparece alguien en tu vida y vuelves a lo mismo. A las conversaciones hasta las tantas y a pensar que es la persona más maravillosa del mundo. A la misma tontería de siempre de que es especial, diferente. Las personas diferentes no existen. Te puede gustar el azul o el amarillo, el Barcelona o el Madrid, los coches o las motos, el Rock o la música Pop, pero eso no te hace ser diferente del resto. Porque que elijas un color u otro no va a lograr que me hagas menos daño. Porque que seas de un equipo o de otro no va a conseguir que consigas darte cuenta a tiempo de lo felices que podríamos llegar a ser juntos. Conseguirás que me ilusione, posiblemente harás que te quiera, ¿y después? Discutiremos, ¿y qué? Me prometerás cosas. Cosas que tanto tú como yo sabemos que no vas a cumplir. Pero ambos nos quedamos satisfechos. Tú te libras de la discusión y yo me gano cuatro palabras bonitas que seguramente te las conoces mejor que la tabla periódica. Pero es entonces cuando te sientas y te paras a pensar y te das cuenta de lo tonta que has sido. De nuevo. Te enfadas contigo misma y seguramente te llamarás de todo menos guapa, porque la culpa es tuya y de nadie más. Aquí es donde entra lo que hablábamos al principio. Ese punto de tu vida donde te das cuenta de las cosas. Ya no eres una cría. Ya no tienes que aguantar estas cosas porque sabes que no es el fin del mundo. Sabes que no te morirás de amor y sabes que él no es único en el mundo. Sabes que si continúas creyendo sus mentiras llegaréis a un punto de no retorno y entonces ya no habrá nada que hacer. Sabes todo eso y mucho más, lo único que no sabes es lo que tienes que hacer. Irónico, supongo. Aquí es donde se diferencian a dos tipos de personas. Las primeras posiblemente se den cuenta de todo esto, pero no tienen más que cerrar los ojos y dejarlo pasar. Ellas se empeñarán en esa relación y seguramente dejen en ella hasta los huesos. Lo darán todo por alguien que posiblemente no de ni la mitad porque estará demasiado ocupado dándole su otra mitad a otra persona. Mentirán, engañarán o simplemente las dejarán cuando se aburran. Y tenemos a otro tipo de persona. Las enamoradas de la idea del amor. Las que quieren darlo todo y recibir más. Las que sufren cuando ven el veneno que inunda a esta sociedad. Las que quieren cartas con corazones y rosas los 14 de febrero. Las que se encuentran con alguien así y aún sabiendo que sufrirán se plantan, se arman de valor y dejan escapar al motivo de su felicidad. Y os diréis, ¿pero por qué no luchan? Y yo os aseguraré que han luchado, han luchado tantas veces en la vida que apenas logran ya llorar. Han peleado y perdido tantas veces que se han dado cuenta que si dejan escapar a alguien y éste no vuelve para intentarlo es que no merecía la pena gastar ni siquiera una última sonrisa en intentarlo. Han deseado tantas veces que ese amor fuese el amor de su vida que se encuentran perdidas. Tienen miedo. Yo tengo miedo. Pero no es aquí donde voy a frenar. No voy a dejar de intentarlo. No voy a dejar de creer que ahí fuera, en algún lugar entre cientos de fracasos vas a estar tú. Esperándome con una sonrisa entre tus brazos. Porque ni sé cómo te llamas ni sé qué aspecto tienes. Pero te quiero. Te quiero y te voy a encontrar aunque me cuesten mil decepciones más. Hoy sé que vale la pena intentarlo.
No, no es una historia de amor, pero tiene que ver con el amor y con el poder que éste tiene. El poder de curar o de destruir. Trata de aquellos que caen en él, y el precio que pagan. Y de los que huyen del amor, porque tienen miedo o porque no se creen dignos de él. Ella huyó. Él se rindió.

jueves, 17 de noviembre de 2011

No es culpa de nadie, solo mía. Yo estaba mirando hacia arriba. Era la cosa más cercana al cielo y estabas allí.

sábado, 12 de noviembre de 2011

—¿Tú te has enamorado alguna vez, Mac?
—No lo sé, yo siempre he sido camarero.