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El Cementerio de los Libros Olvidados

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Hoy comienzo una recopilación del final de una saga que ha marcado de principio a fin mi vida, y con ello este blog y todo lo que me rodea. Espero que esta recopilación nunca termine, que la saga me siga abriendo los brazos, o las tapas, cada vez que necesite un abrazo amigo, y me regale nuevas frases y nuevos mundos en cada nueva etapa de mi historia, hasta que las arrugas de mis dedos superen las arrugas de sus páginas. Gracias, siempre, por salvarme. Gracias, siempre, a Daniel y a Fermín, a Bea, a Juan, a Julián (ambos), a Alicia, a Vargas, a Nuria, a David, a Isabella, a Isaac, y, sobre todo, al que es todos y a la vez ninguno, a Carlos. Por tanto. Por siempre. Por la lectura. Gracias.
"Éste es un mundo de sombras, Daniel, y la magia es un bien escaso. Aquel libro me enseñó que leer podía hacerme vivir más y más intensamente, que podía devolverme la vista que había perdido. Sólo por eso, aquel libro que a nadie importaba cambió mi vida ."

Mort

En mi mundo, la muerte era una mano anónima e incomprensible, un vendedor a domicilio que se llevaba madres, mendigos o vecinos nonagenarios como si se tratase de una lotería del infierno . La idea de que la muerte pudiera caminar a mi lado, con rostro humano y corazón envenenado de odio, luciendo uniforme o gabardina, que hiciese cola en el cine, riese en los bares o llevase a los niños de paseo al parque de la Ciudadela por la mañana y por la tarde hiciese desaparecer a alguien en las mazmorras del castillo de Montjuïc, o en una fosa común sin nombre ni ceremonial, no me cabía en la cabeza . Dándole vueltas, se me ocurrió que tal vez aquel universo de cartón piedra que yo daba por bueno no fuese más que un decorado . En aquellos años robados, el fin de la infancia, como la Renfe, llegaba cuando llegaba.
Yo había crecido en el convencimiento de que aquella lenta procesión de la posguerra, un mundo de inquietud, miseria y rencores velados, era tan natural como el agua del grifo, y que aquella tristeza muda que sangraba por las paredes de la ciudad herida era el verdadero rostro de su alma. Una de las trampas de la infancia es que no hace falta comprender algo para sentirlo. Para cuando la razón es capaz de entender lo sucedido, las heridas en el corazón ya son demasiado profundas .

LSDV

Recorrí pasillos y galerías en espiral pobladas por cientos, miles de tomos que parecían saber más acerca de mí que yo de ellos. Al poco, me asaltó la idea de que tras la cubierta de cada uno de aquellos libros se abría un universo infinito por explorar y de que, más allá de aquellos muros, el mundo dejaba pasar la vida en tardes de fútbol y seriales de radio, satisfecho con ver hasta allí donde alcanza su ombligo y poco más. Quizá fue aquel pensamiento, quizá el azar o su pariente de gala, el destino, pero en aquel mismo instante supe que ya había elegido el libro que iba a adoptar. O quizá debiera decir el libro que me iba a adoptar a mí. Se asomaba tímidamente en el extremo de una estantería, encuadernado en piel de color vino y susurrando su título en letras doradas que ardían a la luz que destilaba la cúpula desde lo alto. Me acerqué hasta él y acaricié las palabras con la yema de los dedos, leyendo en silencio: La Sombra del Viento Julián Carax Jamás había oído mencionar aquel...
Era ya casi media noche cuando llegamos al portal de casa de Bea. Habíamos hecho casi todo el camino en silencio, sin atrevernos a decir lo que pensábamos. Caminábamos separados, escondiéndonos el uno del otro. Bea caminaba erguida con su Tess bajo el brazo y yo la seguía a un palmo, con su sabor en los labios. Arrastraba todavía la mirada de soslayo que me había propinado Isaac al dejar el Cementerio de los Libros Olvidados. Era una mirada que conocía bien y que había visto mil veces en mi padre, una mirada que me preguntaba si tenía la menor idea de lo que estaba haciendo. Las últimas horas habían transcurrido en otro mundo, un universo de roces, de miradas que no entendía y que se comían la razón y la vergüenza. Ahora, de regreso a aquella realidad que siempre acechaba en las sombras del ensanche, el embrujo se desprendía y apenas me quedaba el deseo doloroso y una inquietud que no tenía nombre.

People

La gente siempre tiene ojos para lo que no le importa.
-Daniel, algo habrá pasado. Una tía abuela que se ha muerto, un loro con paperas, un catarro de tanto andar con el trasero al aire... sabe Dios el qué. En contra de lo que usted cree a pies juntillas, el universo no gira en torno a las apetencias de su entrepierna. Otros factores influyen en el devenir de la humanidad. -¿Se cree que no lo sé? Parece que no me conozca, Fermín. -Querido, si Dios hubiera querido darme caderas más amplias, hasta le podría haber parido: así de bien le conozco. Hágame caso. Salga de su cabeza y tome la fresca. La espera es el óxido del alma .

Time

Encontré a mi padre dormido en su butaca del comedor con una manta sobre las piernas y su libro favorito abierto en las manos, un ejemplar del Cándido de Voltaire que releía un par de veces cada año, el par de veces que le oía reírse de corazón. Le observé en silencio. Tenía el pelo cano, escaso, y la piel de su rostro había empezado a perder la firmeza alrededor de los pómulos. Contemplé a aquel hombre al que una vez había imaginado fuerte, casi invencible, y le vi frágil, vencido sin saberlo él. Vencidos acaso los dos. Me incliné para arroparle con aquella manta que hacía años que prometía donar a la beneficencia y le besé la frente como si quisiera protegerle así de los hilos invisibles que lo alejaban de mí, de aquel piso angosto y de mis recuerdos, como si creyera que con aquel beso podría engañar al tiempo y convencerle de que pasara de largo, de que volviese otro día, otra vida.

Betrayal.

-Mi padre sabía desde el principio lo que iba a pasar -explicó Clara-. Permaneció al lado de sus amigos porque pensaba que ésa era su obligación. Le mató la lealtad a gentes que, cuando les llegó la hora, le traicionaron. Nunca te fíes de nadie, Daniel, especialmente de la gente a la que admiras. Ésos son los que te pegarán las peores puñaladas.

Mum

Al otro lado se adivinaba una escalera que descendía en picado hacia una balsa de oscuridad. Un intenso hedor a tierra mojada me abofeteó. En la presencia de aquel hedor, tan extrañamente familiar, y con la mirada caída en el pozo de oscuridad al frente, me asaltó una imagen que conservaba desde la infancia, enterrada entre cortinas de temor. Una tarde de lluvia en la ladera este del cementerio de Montjuïc, mirando al mar entre un bosque de mausoleos imposibles, un bosque de cruces y lápidas talladas con rostros de calaveras y niños sin labios ni mirada, que hedía a muerte, las siluetas de una veintena de adultos que sólo conseguía recordar como trajes negros empapados de lluvia y la mano de mi padre sosteniendo la mía con demasiada fuerza, como si así quisiera acallar sus lágrimas, mientras las palabras huecas de un sacerdote caían en aquella fosa de mármol en la que tres enterradores sin rostro empujaban un sarcófago gris por el que resbalaba el aguacero como cera fundida y en el...

Femme fatale.

-Para ser tan callado, tu hermano está resultando ser un bocazas. ¿Qué más dice de mí el No-Do? -Dice que estuviste enamorado de una mujer mayor que tú durante años y que la experiencia te dejó el corazón roto. -Lo único roto que saqué de todo aquello fue un labio y la vergüenza. -Tomás dice que no has vuelto a salir con ninguna chica porque las comparas a todas con esa mujer. El bueno de Tomás y sus golpes escondidos. -El nombre es Clara -ofrecí. -Ya lo sé. Clara Barceló. -¿La conoces? -Todo el mundo conoce a alguna Clara Barceló. El nombre es lo de menos.

Tibidabo.

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Dicen que todas las personas tienen un lugar en el mundo donde sentirse como en casa. Donde respirar, cerrar los ojos y encontrarse tranquilo, encontrarse bien. Un lugar del que enamorarse, del que sentirse orgulloso, del que la simple mención de su nombre haga que un cosquilleo te recorra hasta el último centímetro del cuerpo. Un sitio mágico, como sacado de las páginas de un libro...

Visto y no visto.

-¿Y la nena esa, qué? -¿Qué nena? -La moños. ¿Qué nena va a ser? La hermana de Aguilar. -No sé. -Saber sabe; lo que no tiene, hablando en plata, es cojones para coger el toro por los cuernos. A éstas se nos acercó el revisor con gesto cansino, haciendo malabarismos con un palillo que paseaba y volteaba entre los dientes con destreza circense. -Ustedes perdonen, que dicen esas señoras de ahí que si pueden utilizar un lenguaje más decoroso. - Y una mierda -replicó Fermín, en voz alta. El revisor se volvió a las tres damas y se encogió de hombros, dándoles a entender que había hecho cuanto podía y que no estaba dispuesto a liarse a bofetadas por una cuestión de pudor semántico. - La gente que no tiene vida siempre se tiene que meter en la de los demás -masculló Fermín-. ¿De qué estábamos hablando? -De mi falta de redaños. -Efectivamente. Un caso crónico. Hágame caso. Vaya a buscar a su chica, que la vida pasa volando, especialmente la parte que vale la pena vivir. Ya ha visto lo que dec...

Ruins

El padre Fernando recapitulaba sus recuerdos con cierto tono de homilía. Construía sus frases con pulcritud y sobriedad magistral, dotándolas de una cadencia que parecía encerrar una moraleja de propina que nunca llegaba a materializarse. Años de profesorado le habían dejado aquel tono firme y didáctico de quien está acostumbrado a ser oído, pero se pregunta si es escuchado. - Si la memoria no me falla, Julián Carax ingresó como alumno del colegio de San Gabriel en el año 1914. En seguida simpaticé con él, porque ambos formábamos parte del reducido grupo de alumnos que no proveníamos de familias acaudaladas. Nos llamaban el comando Mortsdegana. Cada uno de nosotros tenía su historia especial. Yo había conseguido una plaza becada gracias a mi padre, que durante veinticinco años trabajó en las cocinas de esta casa. Julián había sido aceptado gracias a la intercesión del señor Aldaya, que era cliente de la sombrerería Fortuny, propiedad del padre de Julián. Eran otros tiempos, claro está...

Women

-Qué poco entiende usted de mujeres, Daniel. Me juego el aguinaldo a que esa pollita está ahora en su casa mirando lánguidamente por la ventana en plan Dama de las Camelias, esperando que llegue usted a rescatarla del cafre de su señor padre para arrastrarla en una espiral incontenible de lujuria y pecado. -¿Estás seguro? -Ciencia pura. -¿Y si ha decidido que ya no quiere verme más? -Mire, Daniel. Las mujeres, con notables excepciones como su vecina la Merceditas, son más inteligentes que nosotros, o cuando menos más sinceras consigo mismas sobre lo que quieren o no. Otra cosa es que se lo digan a uno o al mundo. Se enfrenta usted al enigma de la naturaleza, Daniel. La fémina, babel y laberinto. Si la deja usted pensar, está perdido. Recuerde: corazón caliente, mente fría.

Romero de Torres.

Sopesé las teorías termodinámicas de Fermín. -¿Es eso lo que está usted haciendo con la Bernarda? -pregunté-. ¿Poner la plancha al fuego? Fermín me guiñó un ojo. -Esa mujer es un volcán al borde de la erupción, con una libido de magma ígneo y un corazón de santa -dijo, relamiéndose-. Por establecer un paralelismo veraz, me recuerda a mi mulatita en la Habana, que era una santera muy devota. Pero, como en el fondo soy un caballero de los de antes, no me aprovecho, y con un casto beso en la mejilla me conformé. Porque yo no tengo prisa, ¿sabe? Lo bueno se hace esperar. Hay pardillos por ahí que se creen que si le ponen la mano en el culo a una mujer y ella no se queja, ya la tienen en el bote. Aprendices. El corazón de la hembra es un laberinto de sutilezas que desafía la mente cerril del varón trapacero. Si quiere usted de verdad poseer a una mujer, tiene que pensar como ella, y lo primero es ganarse su alma. El resto, el dulce envoltorio mullido que le pierde a uno el sentido y la vi...
Imaginé a un Julián Carax con mis años sosteniendo aquella imagen en sus manos, tal vez a la sombra del mismo árbol que me amparaba a mí. Casi me parecía verle, sonriente, seguro de sí, contemplando un futuro tan amplio y luminoso como aquella avenida, y por un instante pensé que no había más fantasmas allí que los de la ausencia y la pérdida, y que aquella luz que me sonreía era de prestado y sólo valía mientras la pudiera sostener con la mirada, segundo a segundo.

Dreams

Conserva tus sueños, nunca sabes cuando te harán falta.

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Lo difícil no es ganar dinero sin más, lo difícil es ganarlo haciendo algo a lo que valga la pena dedicarle la vida.