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Aquí comienzo de nuevo un viaje más profundo que cualquier carretera, que cualquier cielo, que cualquier mar. Un viaje que inicié en una ép...

miércoles, 29 de febrero de 2012

A

-Los veranos sureños son indiferentes a los problemas del amor joven. Armados de advertencias y dudas Noah y Allie lograron hacer un convincente papel de un chico y una chica haciendo un viaje muy largo sin preocuparse por las consecuencias.
-Se enamoraron, ¿verdad?
-Sí, así fue.

martes, 28 de febrero de 2012

A

Escuché mi voz durante el tiempo suficiente para darme cuenta de dos cosas; la primera era que me había pasado los últimos tres días en un silencio tal que no me había dado cuenta de la segunda: mi voz sonaba apagada, sin fuerza. Denotaba una tristeza y una amargura que hubiesen marchitado la más feliz de las sonrisas. Era apenas un atisbo, una ínfima parte de la energía y la vitalidad que en aquel cuerpo había residido. Con la misma pasión que puse para hablar me levanté del sofá hecha un fantasma y me arrastré hacia la cocina. Reparé entonces en la penumbra total que reinaba en la casa.  Había anochecido a escondidas. Ignorando el interruptor me sente entre las sombras, contemplando la ciudad extenderse a mis pies. Millones de luces la inundaban de una vida y una alegría que a mi no me alcanzaban. Me sentí intrusa en una ciudad que me había visto crecer, y noté que mi lugar estaba allí, entre las sombras de una cocina atrapada en el tiempo. Y supe entonces que no habría lugar en el mundo en el que me sintiese a salvo. No si no estaba él.

sábado, 25 de febrero de 2012

A

-Te dije que no iba a irme a ninguna parte. No temas, estaré aquí mientras eso te haga feliz.
Le devolví la sonrisa e ignoré el dolor de mis mejillas.
-Entonces, es para siempre, ya lo sabes.
-Vamos, déjalo ya. Sólo es un enamoramiento de adolescente.
Sacudí la cabeza con incredulidad y me mareé al hacerlo.
-Me sorprendió que Renée se lo tragara. Sé que tú me conoces mejor.
-Eso es lo hermoso del ser humano -me dijo-. Las cosas cambian.
Se me cerraron los ojos.
-No te olvides de respirar -le recordé.
Seguía riéndose cuando la enfermera entró blandiendo una jeringuilla.
-Perdón -dijo bruscamente a Edward, que se levantó y cruzó la habitación hasta llegar al extremo opuesto, donde se apoyó contra la pared.
Se cruzó de brazos y esperó. Mantuve los ojos fijos en él, aún con aprensión. Sostuvo mi mirada con calma.
-Ya está, cielo -dijo la enfermera con una sonrisa mientras inyectaba las medicinas en la bolsa del gotero-. Ahora te vas a sentir mejor.
-Gracias -murmuré sin entusiasmo.
Las medicinas actuaron enseguida. Noté cómo la somnolencia corría por mis venas casi de inmediato.
-Esto debería conseguirlo -contestó ella mientras se me cerraban los párpados.
Luego, debió de marcharse de la habitación, ya que algo frío y liso me acarició el rostro.
-Quédate -dije con dificultad.
-Lo haré -prometió. Su voz sonaba tan hermosa como una canción de cuna-. Como te dije, me quedaré mientras eso te haga feliz, todo el tiempo que eso sea lo mejor para ti.
Intenté negar con la cabeza, pero me pesaba demasiado.
-No es lo mismo -mascullé.
Se echó a reír.
-No te preocupes de eso ahora, Bella. Podremos discutir cuando despiertes.
Creo que sonreí.
-Vale.
Sentí sus labios en mi oído cuando susurró:
-Te quiero.