En mi casa no hay nada prohibido, pero no vayas a enamorarte.
Con el alba tendrás que marcharte para no volver.
Olvidando que me has conocido, que una vez estuviste en mi cama.
Hay caprichos de amor que una dama no debe tener.

Peor para el sol que se mete a las siete
en la cuna del mar a roncar,
mientras un servidor
le levanta la falda a la luna.


Es mejor, le pedí, que te calles, no me gusta invertir en quimeras,
me han traído hasta aquí tus caderas, no tu corazón.
Y después, para qué más detalles, ya sabéis, copas, risas, excesos.
Cómo van a caber tantos besos en una canción.

Volví al bar a la noche siguiente a brindar con su silla vacía,
me pedí una cerveza bien fría y entonces no sé
si soñé o era suya la ardiente voz que me iba diciendo al oído:
"Me moría de ganas, querido, de verte otra vez."

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