Farewell.

Por eso, cuando abrió la boca para despedirse de mi, le coloqué ambas manos sobre los labios, haciéndole callar. Sabía que no iba a ser una despedída típica de película sentimental, pero aún así no quería oír un adiós salir de su boca, aunque tan solo fuese por quince días. Aparté las manos, me incliné y le besé como hacía siempre, después me bajé del coche y le despedí con una sonrisa, pensando que tal vez me esperasen las vacaciones más largas de mi vida.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Avenida del Tibidabo, 32, Barcelona.

El laberinto de los espíritus - Carlos Ruíz Zafón