Scusa ma ti chiamo amore.

De repente se hace el silencio. Diletta estruja con más fuerza el cojín. Las Olas la observan, pero sin prestarle demasiada atención. Indecisas y divididas entre bromear o ponerse serias. Es ella quien las saca de dudas.
-Yo no. Yo nunca lo he hecho. Espero a la persona que me haga sentir a tres metros sobre el cielo, como aquel de la novela. O cuatro. O incluso cinco. O seis metros. No me apetece que sea el azar ni que después nos separemos.
-Y eso, ¿qué importa? No puedes saber lo que pasará después... Lo que importa es amarse y basta, ¿no? Sin hipotecar el futuro.

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