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martes, 24 de agosto de 2010

Devil.

Las doce marcaba el reloj de la sala, y prendida de sueño la luz apagué, cuando oí una fuerte voz que me llamaba y aparecióseme Lucifer.


-No tiembles de miedo –me advirtió– Es falso eso que te han contado los curas de mí.
-Conozco tus trucos –le dije al diablo– búscate otro fausto y déjame dormir.
-El cielo que sueñas –contestó enfadado– es un club privado de gente formal. Yo vengo a llevarte de viaje conmigo al país del que nadie ha vuelto jamás.


Hizo un gesto con su mano y en el espacio me encontré, volando con alas de espuma y mirando la tierra a mis pies. Enjambres de estrellas cruzamos veloces mientras en mi oído sonaba su voz:


-Hace muchos siglos en el cielo hubo una sangrienta revolución, un grupo de ángeles nos levantamos contra el poder absoluto de Dios, y como todo vencido conocí el exilio, la calumnia, el odio y la humillación. Pero te aseguro que de haber ganado, ni muerte, ni infierno, ni cinco, ni dos, ni tuyo, ni mío, ni odio, ni trabajo, habrían existido, ni Diablo, ni Dios.
-Déjame vivir contigo, demonio amigo –supliqué– no me hagas volver a la vida, perdida ya mi antigua fé.


Escuchose entonces un bárbaro trueno y en mi cama sudando debí despertar, y mi amigo el Diablo se esfumó gritando:


-¡Cuenta lo que sabes a la humanidad!


Desde entonces robo, bebo, mato, arrastro una miserable vida criminal, pues sé que a la muerte me estará esperando en el dulce infierno mi amigo Satán. Sí, esto que les cuento es una historia cierta, ustedes si quieren me creen o no, pero no le cierre la puerta al Diablo si llama una noche a su habitación.

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