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The shadow's wind.

Cuando leas estas palabras, esta cárcel de recuerdos, significará que ya no podré despedirme de ti como hubiera querido, que no podré pedirte que nos perdones, sobre todo a Julián, y que cuides de él cuando yo no esté ahí para hacerlo. Sé que no puedo pedirte nada, excepto que te salves. Quizá tantas páginas me han llegado a convencer de que pase lo que pase, siempre tendré en ti a un amigo, que tú eres mi única y verdadera esperanza. De todas las cosas que escribió Julián, la que siempre he sentido más cercana es que mientras se nos recuerda, seguimos vivos. Como tantas veces me ocurrió con Julián, años antes de encontrarme con él, siento que te conozco y que si puedo confiar en alguien, es en ti. Recuérdame, Daniel, aunque sea en un rincón y a escondidas. No me dejes ir.

Bien viaje.

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+Desde que llegué aquí por perseguir al conejo blanco me han dicho qué debo hacer y quién debo ser. Me han encogido, estirado, arañado y metido en una tetera. Se me ha acusado de ser Alicia y de no ser Alicia, pero este es mi sueño, y yo decido cómo sigue. -Si te desvías del camino... +Yo marco el camino ahora.

Cry.

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-¿Por qué lloras? +Lloro por lo feliz que me siento, por la inmensa alegría que me levanta cada mañana de la cama como si fuese el último. Por cada risa acumulada, tengo la sensación de que ya son miles, por cada sonrisa inevitable, esas que me consiguen sacar cada recuerdo tuyo, sea bueno o malo. Lloro porque no sé cómo expresar las mil emociones que recorren mi cuerpo cada vez que me subo en el coche y me recibe tu mirada. Cada lágrima que ahora resbala por mi rostro lleva alegría, lleva felicidad, lleva toda la gratitud que siento al pensar en qué estado me encontraste, y en qué estado estoy ahora, pero también llevan miedo. Mis lágrimas están cargadas de miedo, miedo por la magnitud de lo que siento, miedo de que se acabe, de que te vayas, de volver a comenzar lo que me costó tanto enterrar. Lloro por el pavor que me da tan solo el pensar que te pierdo, pensar que puedo hacer algo mal, o que tú hagas algo mal y tenga que dejarte marchar. Tengo pánico a que encuentres a alguien que ...
No es lo que has perdido, es lo que esperas conseguir. No es buscar por que llorar, es encontrar por que reir. Es hallar un sentido por el que debes subsistir. No morir creyendo en alguien que nunca ha creido en ti. Es pelear por algo justo, no es caer por luchas vanas. Es hacer todo a tu gusto, como a tí te de la gana. Es llenar de pasión lo que no quieres que se pierda. Y lo que quede fuera, mira... a la mierda.
Una tenue luz se filtra entre las cortinas de mi habitación, está anocheciendo. Toda la tarde pasos y murmullos se escuchaban detrás de la puerta, pero nadie entró, cosa que agradecí enormemente. Ahora el murmullo se ha trasladado al piso de abajo, supongo que estarán preparando la cena. Paseo la mirada por la habitación, sin ver nada en particular, pensando en todo y en nada. En todo lo que ha pasado en estas dos semanas y en todo lo que me queda, que es nada. Ya no lloro, no puedo, no me quedan fuerzas ni lágrimas. Pero así el dolor es más insoportable, más insufrible, me llena por completo y no me deja concentrarme en otra cosa. Si ahora me mandasen hacer una suma de dos cifras, estoy segura de que la haría mal. Es como si todo mi cerebro estuviese absorbido por una fuerza extraña que no me dejase pensar en nada más. Me siento desconcertada, desorientada, siento que mil preguntas bullen en mi interior, pero no sé contestarlas, ni sé quién me puede ayudar. Tampoco creo que sea necesa...
Lo sé. He estado en tu lugar, la verdad es que yo también me asusté un montón. ¿Y si me hace daño? ¿Y si me abandona? ¿Y si muere? Eso sería mi fin, así que decidí cortar antes de que pudiera hacerme nada, ¿y sabes qué? Fue el mayor error que yo he cometido. Y tú estás cometiendo el mismo error ahora y te aseguro que no voy a quedarme sentado a verlo. En el amor debes arriesgar, Sandra, arriesgar. ¡Yo no lo hice! Y mírame ahora, soy el fantasma solitario y hueco de un hombre, lo que no significa que no vaya a herirte. Pero te garantizo algo, ningún dolor que sientas será jamás comparable a la pena que proviene de darle la espalda al amor. Siendo alguien que ha sentido mucho ambas cosas, créeme. El dolor es mejor que la pena, sobre eso no te quepa la menor duda. No huyas. No lo hagas...
Tengo miedo de lo que ví, de lo que hice, de lo que soy, pero sobretodo tengo miedo a salir de esta habitación y no volver a sentir nunca lo que siento estando contigo.