Cae tras la ventana el aguacero inquebrantable. Más arriba un cielo gris de pensamientos ruge enfadado, cabreado. Y mi cabeza ruge a su vez, de acuerdo con la lluvia y con el color que acompaña al día. Y fuera hace frío, mucho frío... Un frío que traspasa los cristales y el hormigón, que traspasa la ropa y la piel. Un frío que cala hasta los huesos. Que llega hasta el alma. Un frío de ausencias y soledad. De pérdidas. De tristeza. Un frío de lluvia... Una lluvia que tiene sabor a echarte de menos.

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