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miércoles, 15 de diciembre de 2010

Blond girl.

Incliné la puerta, dejando apenas dos dedos de apertura, haciendo que un pequeño rayo de luz y polvo se colase en mi estancia oscura. Respiré varias veces y me armé de valor. Entré. Los finos rayos de sol se filtraban entre las cortinas, dándole a la pequeña habitación un aspecto mágico, triste, olvidado. Una capa de polvo y recuerdos cubría muebles y juguetes olvidados tantos años atrás. Me acerqué, despacio, con la sensación de que si me movía un poco más rápido de lo debido todo aquello desaparecería, yo despertaría y mi sueño se borraría. Pasé el dedo índice por encima de una foto, dejando el rastro y descubriendo unos ojos azules como el cielo, como mi cielo. El corazón se me aceleró y las manos comenzaron a sudarme. Un golpe seguido de un susto. Miré sobresaltado hacia la puerta. Y allí estaba. Allí estaba ella. Con su pelo del color del heno. Con su sonrisa. Con sus manos de porcelana. Con su sonrisa. Con sus ojos. Sus ojos. De un azul tan intenso que te podrías perder en ellos durante días, durante años. 

-Te estaba esperando.

Y esa voz. Su voz. Las manos dejaron de sudarme. El corazón se me paró en seco. Y me sentí tranquilo. Me sentí bien. Me sentí a salvo. Porque entonces me di cuenta. Ella estaba allí, ella y su sonrisa. Y su manera de ser. Y toda ella. Ya nada, nunca, volvería a estar mal. Porque yo la tenía a ella.

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