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miércoles, 24 de noviembre de 2010

Tortura. Ni arte, ni cultura.

A diario, al llegar del instituto, llego a casa encontrándome con la comida encima de la mesa y la tele encendida siempre en el mismo programa. Un programa de "justicia" por llamarlo de alguna manera, donde una serie de personas discuten sobre conflictos que se exponen cada día. Siempre llego tarde y nunca suelo pillar el hilo de la conversación, entonces no pierdo mucho tiempo en escucharlo. Hoy me ha sido inevitable. Una niña de dieciocho años le exigía a su madre, viuda de torero, que le diese 2.000€ para ejercer la misma "profesión" que mató al padre. Y que conste que lo llamo profesión a regañadientes. Llamó mi atención aquella discusión cuando una persona del público dijo que "los animales han venido a este mundo para servir a nuestros intereses", más tarde también tuve que escuchar cosas como "también los cerdos y las vacas van a mataderos y aquí nadie se queja" o "los toros han nacido para eso". No me pude resistir a comprobar la fecha en el calendario del móvil, y os juro que me sorprendió (y entristeció) ver que estamos en el siglo XXI, cuando los comentarios que provenían del televisor provenían también del siglo pasado. Casi al finalizar el debate, cuando ya se acercaba el certamen final, una joven de unos 25 años se levantó, dispuesta a defender el derecho a la vida de estos pobres animales, y fue entonces cuando todo aquello llegó al colmo de lo ridículo cuando gran parte de las personas presentes la comenzaron a dejar a la altura de la... del suelo.
Intenté ponerme en el lugar de aquellas personas, de su pasión por una fiesta que se basaba en la muerte de unas criaturas que, muy a mi pesar, no tienen boca humana con la que gritar. Si fuese así quizá consiguiésemos poner un poco de sentido a todo esto. Intenté darle una razón a sus comentarios, pero os juro que no la encontré. Y entonces me enfadé, me enfadé mucho, ya que por mucho que esa chica discutiese contra esa panda de hienas, o yo discutiese con todos los toreros de este mundo, los resultados serían los mismos, sólo me queda desahogarme aquí. Pero, como alguien muy sabio dijo, hay dos cosas infinitas, el universo y la estupidez humana. Él no estaba seguro de la primera, y yo no puedo hacer nada contra la segunda.

2 comentarios:

  1. Lo ví. Esos comentarios que dices que oíste los dijo el señorito Mario. Cuánto amor tremendamente irónicu y tengo Dios mío. Mira esi día fue uno de los que más me enfadé conmigo misma por no poder ir ahí y decir cuatro coses. Me desespera el tema esti y me alegra saber que a ti también. Más me alegraría saber que no hay nada por lo que desesperase, pero como tamos entre persones sin moral ni compasión ninguna, así tendremos que seguir. Gritandoi a la tele y yo, cuando pueda, a pintame de rojo y a finjir que dos toreros me tan matando delante de una plaza de toros.
    Buena Iria, buena. No me resistí a comentar.

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  2. Creo que nuestro amor hacia Mario ye bastante parecíu entonces Jajaja. Coses que vamos a tener que tragar, Carlina, qué y vamos a hacer.
    De hecho agradézcote que lo hicieras.

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