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miércoles, 19 de mayo de 2010

Myself.

Hoy me he levantado de la cama y no me he fijado con qué pie, quizá con los dos y por eso me sienta anímicamente extraña, algo irascible y melancólica. Me quedé mirando durante demasiado rato una fotografía de una niña pequeña, que reía feliz alzando su trenecito de colores a aquella persona que fotografiaba su momento, y me pregunté en quién se había convertido aquella pequeña desconocida que en realidad conocía muy bien. En sus tiernos rasgos de quizá tres años, no más, apenas reconocí los míos; en la ingenuidad de su risa tampoco veo rasgo ni característica alguna de la mía. Ahora me río más, o tal vez menos, depende de la ocasión, me río por cosas diferentes, y con mucha más precaución. Suelo sonreir a menudo, pero la mayoría de las veces es por cortesía. Y pocas personas me saben hacer reir realmente alto. Reconozco en los ojos de esa niña una felicidad extraña, cargada de sueños, de una vida entera por delante, de animales, juguetes y amigos. Ahora me miro en el espejo y veo una mirada diferente, tímidamente feliz, sin atreverse a serlo del todo, pero aún así con muchos sueños también, sueños diferentes. Adoro la fotografía, la lectura y la música, cualquiera de las tres me puede hacer llorar con demasiada facilidad. Pero eso no es un logro, porque lloro con cualquier cosa con demasiada facilidad. Me encanta el cine, me podría pasar horas y horas viendo películas, llorar y reir a la vez, pero también gritar de miedo. Tengo un carácter difícil. Soy caprichosa, mujer y niña según me de, orgullosa y cabezona, y también egoísta. No me gusta que me toquen lo que es mío, me lo pueden romper. Me gusta enfadarme por cualquier cosa para que después me mimen todo el rato, pero guardando las distancias, que no soy una persona ni cariñosa ni aprensiva. No me gusta tener que decir lo que siento, porque creo, y en la mayoría de las veces sé que se sobreentiende. Pero en cambio, me encanta escribir lo que siento, me encanta escribir escenarios y paisajes, describir personajes e historias que desearía contar como mías, me encanta escribir en general, y me encanta ser todo lo cariñosa y romántica que no soy en realidad. No me gusta que me despierten, ni que me digan lo que tengo que hacer. No me gusta que llueva en primavera y mucho menos en verano, pero me encantan los días de tormenta en invierno. No me importa que la gente hable de mi sin conocerme, o que hable de mi conociéndome, siempre y cuando esa gente a mí no me interese lo más mínimo. Pocas cosas me pueden afectar, pero cuando lo hacen me duelen en el alma, y me cuesta mucho, muchísimo, olvidarlas; pero no me cuesta nada perdonar. Necesito que me quieran mucho, que me lo recuerden de vez en cuando, porque si no me invento mil películas que horriblemente tienen demasiado sentido y lo paso mal. Necesito muchas, muchas cosas, aunque no las utilice, necesito saber que las tengo ahí, y necesito no a tanta gente, pero ellas y ellos sí que son imprescindibles, aunque pasen meses sin que hable con algunos, necesito saber que están ahí; y le necesito a él, totalmente imprescindible. Necesito y quiero y odio y me gusta y me disgusta, todo junto y separado, mil cosas podría decir de la niña pequeña de la foto, porque sé muy bien en quién se ha convertido, y me siento muy orgullosa.

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