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domingo, 16 de mayo de 2010

Hurts.

No, Susan, eres tú la que no tiene ni idea. No sabes lo duro que es despertarte un día y encontrar todo tu mundo paras arriba. No sabes lo duro que es levantarte aturdida, con mil preguntas del tipo "¿qué me pasa?" y mil intentos de convencerte a ti misma de que es una mala racha que pasará, como las demás. No tienes ni idea de lo duro que resulta que, a pesar de mil intentos inútiles de autoengaño, por fin, quizá tras un periodo de dudosa crisis, te des cuenta de que ya no hay nada. Porque, cuando se ha amado de verdad, duele en lo más profundo del alma levantarse sabiendo que has dejado de querer. Ya sé que es duro que te dejen. Es una de las sensaciones más horribles del mundo. Pero, ¿qué me dices cuando llega el momento de mirar a esa persona a los ojos y decirle que se terminó? Dime cómo contemplar el dolor del corazón roto de una persona a la que has amado y quieres sin que se rompa el tuyo también, aunque sea un poco. Dime cómo soportar la tristeza de esos ojos que un día a tí te hicieron volar, te hicieron llegar tan lejos, tan solo por ese brillo que tenían que a tí te volvía tan loca. Imagínate el dolor que producirían cada una de sus lágrimas. Porque a pesar de que el amor se termine; a pesar de que dos personas dejen de pertenecerse; el tiempo pasado sigue ahí, con cada uno de sus recuerdos. Puedes dejar de amar, pero no puedes dejar de querer. Y tú no puedes salir impune de una pelea en la que el contrincante pueda hacerte llorar, Susan, porque en ese momento su dolor se convierte en tu dolor, y pierdes.

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