Entrada destacada.

Bienvenidos.

Aquí comienzo de nuevo un viaje más profundo que cualquier carretera, que cualquier cielo, que cualquier mar. Un viaje que inicié en una ép...

lunes, 10 de mayo de 2010

Dejé que el golpeteo de la lluvia y el olor a tierra mojada me nublaran la mente. Respiré hondo mientras aceleraba mi carrera, notando como los músculos de mis piernas se calentaban a medida que avanzaba. El agua me empapaba la cara y apenas podía ver nada, pero no importaba, lo único que importaba ahora era yo, el espacio que se extendía delante de mí y la tierra que sentía entre los dedos de mis pies. Cada vez mis músculos se encontraban más a gusto con la carrera, así que aceleré el paso, forzando mi límite. Me sentía bien, libre, esta vez no corría por temor, por prisa, por escapar, corria por placer, para sentir el viento mecerme el pelo, para sentir el agua resbalando por mi rostro, para sentir la mullida tierra aplastarse bajo mis pies desnudos. El aire entraba y salía de mis pulmones de manera precipitada, y también mi agitada respiración me supo a gloria. Mantuve mis músculos al máximo durante un buen rato, nunca me había dado cuenta de lo rápida que era, y cuando ví que mi resistencia llegaba a su límite fui frenando poco a poco, y casi de manera graciosa, la lluvia fue frenando conmigo. Me paré del todo al tiempo que unos pequeños rayos de sol se filtraban entre las nubes, iluminando más allá de donde yo me encontraba. Contemplé el basto desierto que se extendía a mi alrededor, monótono y uniforme. Era hermoso. Mi casa, mi hogar. Caminé despacio, sintiendo cada latido de mi corazón alto y fuerte debido a la carrera. Él me esperaba sentado sobre una pequeña roca situada allí por azar, a muchos metros de nuestra pequeña casita de madera desgastada. Alzó la mirada en mi dirección y la comisura de sus labios se alzó en una preciosa sonrisa blanca, iluminando el resto de su cara morena, tostada por el sol. Mi corazón dió un vuelco, todavía sin acostumbrarse a aquella sonrisa suya que tanto me gustaba. Fui despacio hacia él, con una sonrisa casi tan grande dibujada en el rostro. Me situé a su lado y le agarré de la mano con fuerza.
-Vámonos a casa. -Susurró en mi oreja justo antes de depositar un beso en cada uno de mis empapados párpados.
-A casa. -Repetí en un suspiro.

No hay comentarios:

Publicar un comentario