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-Los veranos sureños son indiferentes a los problemas del amor joven. Armados de advertencias y dudas Noah y Allie lograron hacer un convincente papel de un chico y una chica haciendo un viaje muy largo sin preocuparse por las consecuencias. -Se enamoraron, ¿verdad? -Sí, así fue.

A

Escuché mi voz durante el tiempo suficiente para darme cuenta de dos cosas; la primera era que me había pasado los últimos tres días en un silencio tal que no me había dado cuenta de la segunda: mi voz sonaba apagada, sin fuerza. Denotaba una tristeza y una amargura que hubiesen marchitado la más feliz de las sonrisas. Era apenas un atisbo, una ínfima parte de la energía y la vitalidad que en aquel cuerpo había residido. Con la misma pasión que puse para hablar me levanté del sofá hecha un fantasma y me arrastré hacia la cocina. Reparé entonces en la penumbra total que reinaba en la casa.  Había anochecido a escondidas. Ignorando el interruptor me sente entre las sombras, contemplando la ciudad extenderse a mis pies. Millones de luces la inundaban de una vida y una alegría que a mi no me alcanzaban. Me sentí intrusa en una ciudad que me había visto crecer, y noté que mi lugar estaba allí, entre las sombras de una cocina atrapada en el tiempo. Y supe entonces que no habría lugar en ...

A

-Te dije que no iba a irme a ninguna parte. No temas, estaré aquí mientras eso te haga feliz. Le devolví la sonrisa e ignoré el dolor de mis mejillas. -Entonces, es para siempre, ya lo sabes. -Vamos, déjalo ya. Sólo es un enamoramiento de adolescente. Sacudí la cabeza con incredulidad y me mareé al hacerlo. -Me sorprendió que Renée se lo tragara. Sé que tú me conoces mejor. -Eso es lo hermoso del ser humano -me dijo-. Las cosas cambian. Se me cerraron los ojos. -No te olvides de respirar -le recordé. Seguía riéndose cuando la enfermera entró blandiendo una jeringuilla. -Perdón -dijo bruscamente a Edward, que se levantó y cruzó la habitación hasta llegar al extremo opuesto, donde se apoyó contra la pared. Se cruzó de brazos y esperó. Mantuve los ojos fijos en él, aún con aprensión. Sostuvo mi mirada con calma. - Ya está, cielo -dijo la enfermera con una sonrisa mientras inyectaba las medicinas en la bolsa del gotero-. Ahora te vas a sentir mejor. - Gracias -murmuré sin...

Carlos Ruiz Zafón

Amanecí con los fríos rayos del sol de diciembre envuelta en sábanas y edredones aún cálidos de sueños y pesadillas recientes. Los sonidos de un nuevo día me dieron la bienvenida y el ajetreo proveniente de la cocina me instó a quedarme en la cama. Pensé con cierto recelo en la persona que hablaba al otro lado de la puerta de mi habitación y, a falta de sueño, pensé en algo que pudiese hacer sin que fuese necesario enfrentarme a los murmullos y reproches de aquella nueva anciana. Pronto encontré entretenimiento entre el polvo de las estanterías. Un tomo de mi escritor favorito sobresalía entre otros con un marcapáginas fijado muy cerca de la portada del libro. Lo sujeté entre mis manos, recordando cómo aquel pequeño universo de papel se había resistido a mi lectura semanas atrás, dejándolo olvidado entre sus hermanos ya vencidos. Me senté sobre la cama y le miré desafiante, dándole a entender que no saldría de allí sin haber quedado totalmente embrujada por la magia de su escritor. Abr...

Párate un segundo y reflexiona.

¿Hasta qué punto tu vida es tuya? ¿Hasta qué punto controlas tu futuro? De lo único que somos dueños, si es que lo somos, es de las propias decisiones. Decisiones que tenemos que tomar a raíz de unos sucesos que nos son impuestos, cosas que no podemos controlar. ¿Cómo iba a evitar yo que te cruzases en mi camino? Cómo iba a saber yo... Si cuando nos conocimos yo adoraba infinitamente a mi chico y tú hablabas maravillas de la tuya. Cómo íbamos a saber nosotros la amistad y el cariño que iba creciendo si a nuestros ojos simplemente estábamos juntos diariamente por obligación y no por elección. Yo no sabía lo que iba a pasar, no sabía que me iba a quedar sola y que tú ibas a estar ahí. Sólo con el tiempo me di cuenta de que no estaba desilusionada con el chico por ser como era, sino por no ser como eras tú. Cada vez más tiempo juntos y cada vez más tiempo solos me dejó claras muchas cosas. El problema eras tú. ¿Cómo iba a atreverme yo a decirte nada si de tu boca sólo salía su nombre? Si ...
No uses a tu favor mi debilidad. Porque sabes que si me sonríes, caigo de nuevo en la incertidumbre de perder cada uno de los motivos por los que me alejé de ti. No seas desleal. Quédate ahí, inmóvil, como siempre. Quédate inmóvil, pero completamente, sin usar siquiera las palabras, las miradas induciendo a la confusión. Quédate ahí, junto a tus miedos inmaduros, junto a tu grata certeza de saberte ajeno a los peligros que podría acarrearte el enamoramiento.
Hacerla reír era trabajo fácil. Muchos lo consiguieron. Lo difícil era mantenerle la sonrisa, y ahí francamente era donde fallaban todos y cada uno de ellos.