Whim.

¿No lo entiendes? Deja que te lo explique. No es por su pelo, no, no lo es. Ni por su sonrisa. Ni por esa maldita manera que tiene de caminar, de acercarse, de sujetarte la cara y de besarte. No es por como me habla ni por como me mira. En realidad no tiene nada que ver con él. Porque si no fuese por mi no estaría siquiera pensando en escribirle. La culpa es mía, por caprichosa. Porque me he empeñado en tenerte. En formar una mínima parte de ti. Me he empeñado en que seas tú de quien hable y que seas tú el que me acompañe. Y si sigues pasando de mi lo único que vas a conseguir es que me empeñe más, y que me empeñe y me empeñe y me empeñe hasta el punto que no puedas hacer otra cosa que estar conmigo. Pero, siento decirte, cariño, que en el momento en el que consiga que me hagas caso puede que deje de empeñarme tanto. Los caprichos es lo que tienen.

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