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Survive.

Los días pasan lentos, uno tras otro, sin que sean diferentes. Esos días extraños de los que uno no se acuerda ni de la fecha. Cuando por un instante te das cuenta de que no estás viviendo. Te está ocurriendo lo peor que te podía pasar. Estás sobreviviendo.

He?

Buenos días, mundo. Niki se despereza. ¿Me haces un regalo hoy? Me gustaría levantarme de la cama y encontrarme una rosa. Roja no. Blanca. Pura. Para escribir en ella como si fuese una página nueva. Una rosa dejada por alguien que piensa en mí y a quien todavía no conozco. Lo sé. Un contrasentido. Pero me haría sonreír. La cogería uno a uno los pétalos y, con un rotulador azul, escribiría letra a letra, la frase de aquella canción tan bonita: " Entre los obstáculos del corazón hay un principio de alegría que me gustaría merecer... ", y después tiraría los pétalos por la ventana. El viento se los llevaría. Podía ser que alguien los encontrase. Que leyese la frase. Y que me viniese a buscar. Él, quizá. Ya. Pero, ¿quién es él?
Cuando buscas la verdad, corres el peligro de encontrarla.

HASTA EL FINAL

Imagen
Vamos REAL .

I don't love you.

-¿Lucas? -Sara, tengo que decirte una cosa... No siento nada por ti, y no lo he sentido nunca. -¿Cómo? No... no te creo, Lucas. ¿Y el beso? -¿El beso? ¿Sabes lo que me hizo sentir el beso? Me hizo sentir despreciable. Me di asco de mi mismo. -No es verdad, Lucas, sé que me quieres. -No vuelvas a acercarte a mi, Sara. -Estás con mi padre. Me estás diciendo esto porque estás con mi padre. Lucas, si me quieres dime que no me quieres. -...No te quiero. -Lucas, si me quieres dime que nunca estaremos juntos. -...Nunca estaremos juntos. -Si me quieres dime que soy una cría. -Eres una cría. -Te quiero. Te quiero, te quiero, Lucas, te quiero.
Porque si tuviera que elegir un sitio para vivir...  ...sería tu cuarto.

Marina

La muchacha sonrió enigmáticamente. -¿Te gustan los misterios? Asentí. Creo que si me hubiese preguntado si me gustaba el arsénico, mi respuesta hubiera sido la misma. -¿Tienes algo que hacer mañana? Negué igualmente mudo. Si tenía algo, pensaría en una excusa. Como ladrón no valía ni un céntimo, pero como mentiroso debo confesar que siempre fui un artista. -Entonces te espero aquí, a las nueve -dijo ella, perdiéndose en las sombras del jardín. -¡Espera! Mi grito la detuvo. -No me has dicho cómo te llamas... - Marina.