Las doce marcaba el reloj de la sala, y prendida de sueño la luz apagué, cuando oí una fuerte voz que me llamaba y aparecióseme Lucifer. -No tiembles de miedo –me advirtió– Es falso eso que te han contado los curas de mí. -Conozco tus trucos –le dije al diablo– búscate otro fausto y déjame dormir. -El cielo que sueñas –contestó enfadado– es un club privado de gente formal. Yo vengo a llevarte de viaje conmigo al país del que nadie ha vuelto jamás. Hizo un gesto con su mano y en el espacio me encontré, volando con alas de espuma y mirando la tierra a mis pies. Enjambres de estrellas cruzamos veloces mientras en mi oído sonaba su voz: -Hace muchos siglos en el cielo hubo una sangrienta revolución, un grupo de ángeles nos levantamos contra el poder absoluto de Dios, y como todo vencido conocí el exilio, la calumnia, el odio y la humillación. Pero te aseguro que de haber ganado, ni muerte, ni infierno, ni cinco, ni dos, ni tuyo, ni mío, ni odio, ni trabajo, habrían exi...